Confundir la excepción con la regla ®

Hay quienes por múltiples motivos (en ocasiones explicables y muchas veces no) se sobreponen a situaciones realmente adversas. Se trata de auténticos resilentes. Son quienes, por ejemplo, revierten una enfermedad incurable, egresan de la universidad habiendo tenido padres analfabetos, progresan económicamente a pesar de haber nacido en un hogar pobre… tal vez muchos sepamos de alguien que podría servir de ejemplo. Pero son eso: ejemplos. Ellos despiertan respeto y admiración por ser la excepción a la regla; justamente porque no siempre uno puede curarse, no siempre quien consigue un título universitario tuvo padres analfabetos y no siempre se hace rico quien nació en la pobreza.

Querer no es lo mismo que poder. “Querer” tiene que ver con enfocar la voluntad hacia una meta y el “poder” con los recursos necesarios para alcanzar dicha meta. Quien no pude curarse no necesariamente es porque no quiere estar sano. Quien no puede tener un título universitario no necesariamente es porque no quiere estudiar. Quien no puede salir de la pobreza no necesariamente es porque no quiere tener dinero suficiente. No les es lo mismo curarse, estudiar o progresar económicamente para quienes viven en Palermo (Ciudad de Buenos Aires) que para quienes viven en Las Tinajas (Pueblo de Santiago del Estero); quizás quienes vivan en ambos lados quieran por igual salud, educación, progresar económicamente… pero es muy probable que unos no podrán igual que los otros.

En el culto al poder personal se pierde de vista el entramado que este tiene con el poder social. Inclusive, desde el punto de vista esotérico, mejor se comprende el llamado Karma individual dentro de la trama del Karma grupal, social y planetario. Sin embargo, cada vez más, en épocas de individualismo extremo, se apela solamente al poder personal para sobreponerse a las circunstancias adversas que trasciende el ámbito individual. Es este un modo de entender reduccionista que ignora condiciones que van más allá de lo que se quiere personalmente y que, muchas veces, tienen más que ver con condiciones colectivas hostiles.

Es útil estudiar a personas que supieron sobreponerse sus circunstancias y “torcer” lo que parecía ser un destino trágico ya marcado. Podemos aprender mucho de ellos para saber cómo, valiéndose de su fortaleza y poder interior, lograron sus metas. Pero nos equivocamos cuando, por confundir la excepción con la regla, se fomenta la cultura del  “tú puedes” y se culpa a quien no puede… inclusive, haciendo que él mismo se culpe y avergüence por no poder. Además que, de este modo, se anula la mirada crítica necesaria para transformar circunstancias sociales injustas que hace a unos poder más que otros.

Juan A. Currado

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