¿Cambiar o no cambiar? ®

Cuando necesitamos algo buscamos primero entre lo que tenemos, en el lugar donde estamos. Es económico que así suceda; nuestro cerebro busca satisfacer la necesidad utilizando la menor energía posible y para eso repite lo que ya funcionó anteriormente. Se trata de una especie de inercia psicológica que lleva a repetir lo que alguna vez dio buen resultado. Esto ocurre en casi todo lo que hacemos; sucede, por ejemplo, en las relaciones o actividades.

Pero no siempre lo buscado está entre lo que ya tenemos, ni donde estamos. La decisión de buscarlo en otra relación, en otra actividad o en otro lugar… rara vez se toma de un segundo al otro. Se hace a través de un proceso en el que, de alguna manera, se pone en la balanza los pros y contras de una y otra opción.
En un primer momento, puede que repetidamente se intente seguir buscando en lo conocido. Y si ahí no se lo encuentra… gradualmente se va incrementando la frustración, pero la decepción no alcanza a ser tanta como para desistir e ir a buscarlo en lo desconocido. Es un período en el que la balanza de pros y contras está equilibrada: lo viejo frustra, pero no tanto como para dejarlo y arriesgarse a buscar la satisfacción en lo nuevo. Permanecer en la tan mentada “zona de confort” es poco confortante; quien ahí se queda no lo hace porque le gusta sufrir o estancarse, se queda ahí porque aún tiene esperanzas de hallar lo buscado en lo conocido, el sufrimiento o el estancamiento resulta ser el efecto colateral de esa infructuosa búsqueda.

Se necesita perder toda esperanza en lo conocido para comenzar a mirar hacia lo desconocido, es el “tocar fondo” antes de imaginar posible encontrar lo que se necesita en otra relación, en otra actividad o en otro lugar.

La decisión de cambiar no suele ser fácil, más todavía cuando aún se quiere parte de lo que se deja. Pero es nocivo no hacerlo; sería como no querer pasar al 4to grado de la escuela por querer seguir viendo a la maestra de 3ro.

Cada vez que necesitamos algo (un trabajo mejor, una casa más confortable, una relación más plena, etc.) siempre tendremos dos opciones: Quedarnos sin lo que necesitamos, o ir a buscarlo a otro lado. Es tarea de cada uno discernir cuándo renunciar a lo que necesita le signifique estancarse en una cotidianidad insulsa, o cuando ir a buscarlo le signifique avanzar hacia una vida más sentida, profunda y trascendente.

Juan A. Currado

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