Entre evitar y afrontar ®

Evitó hablar para que no haya discusión, la discusión para que no haya enojo, el enojo para que no haya pelea, la pela para que no haya heridas, las heridas para que no haya dolor, el dolor para ser feliz. Pero igual sentía dolor, tenía heridas abiertas, las peleas no libradas se hacían batallas internas, el enojo contenido le explotaba por dentro, las discusiones calladas se convertían en obediencia, las palabras silenciadas hacían nudos en su garganta. Por más que lo evitaba más se encontraba con aquello que eludía. Y no, así no podía ser feliz. Algo necesitaba cambiar, a pesar de los miedos. Comenzó diciendo sus palabras, discutiendo cuando lo necesitaba, expresando su enojo, confrontando si había que confrontar, sanando sus heridas y aceptando el dolor.

No sabía decir si después de esto encontró la felicidad que buscaba. Lo que sí supo es que ya no necesitaba alcanzar la beatitud de un cielo distante, eso lo dejó para los dioses. Prefirió una felicidad a escala humana, es decir, una felicidad que no requiere llegar a ningún lugar idealizado, que no evade problemas y que tampoco ordena inmolarse en pos de la perfección; se trata de una felicidad que invita estar en la tierra de manera más real… asumiendo ser quien se Es.

Juan A. Currado

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