¿Qué crees? ®

Las creencias moldean nuestras vidas. Son el lente a través del que vemos y le damos significado a la realidad. Señalan aquello que nos hará feliz y aquello no. Advierten sobre lo que es posible y lo que es imposible. Indican las maneras de obtener lo que considera alcanzable y como renunciar a lo que da por inalcanzable. Están íntimamente ligadas a nuestros deseos, a nuestros corajes y nuestros miedos, a como vivimos los aciertos y las frustraciones.

La mayoría de las creencias las heredamos, son parte de la culturalización. Nos las transmitieron desde niños, cuando no podíamos hacer más que absorberlas. Las naturalizamos, como si fuesen universales y eternas. Pero basta mirar otras culturas y otras épocas para constatar que la mayoría de las creencias varían según el lugar y el tiempo. Distintas civilizaciones tuvieron diferentes maneras de relacionarse con uno mismo, con los demás, con su entorno y con sus dioses.

Fieles a las creencias estructuramos conforme a ellas nuestra sociedad, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras relaciones, lo que pensamos, el como evaluamos lo que nos pasa, la manera de vernos a nosotros mismos, a los demás y al mundo. Muchas veces los resultados de esto son satisfactorios, pero otras muchas no lo son. Cuando estamos insatisfechos no siempre es porque estamos haciendo algo “mal”, sino porque lo equivocado es la creencia a partir de la cual nos movemos.

El pez es el último en descubrir el agua ya que es lo único que conoce, pero lo descubriría rápidamente si sólo asomara un segundo fuera del agua su cabeza. Es beneficioso comenzar a ser conscientes de nuestras creencias, dejar de naturalizarlas, “sacar la cabeza” fuera de ellas. Por ejemplo, reconocer que creencias tenemos respecto del éxito y del fracaso, del que es ser rico y que es ser pobre, de lo que nos hará felices o infelices, del trabajo y del óseo, de la salud y la enfermedad, de nuestras posibilidades y limitaciones, del bien y del mal, de la vida y de la muerte…

¿Cuáles son tus creencias? ¿Qué tan seguido las revisás? ¿Con que frecuencia las ponés a prueba contrastándola con los hechos que observas?

En tanto adultos, ya no como niños, podemos darnos cuenta de las creencias que subyacen en nuestros pensamientos y nuestras acciones, revisarlas y ponerlas a prueba, elegirlas a conciencia, reafirmarlas o desecharlas, actualizarlas o buscar otras. De manera tal que nos resulten más satisfactorias, que nos hagan sentir más plenos con nosotros mismos, con los otros, con nuestro entorno y con nuestros dioses.

Juan A. Currado

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