Águilas y gallinas ®

Cuenta Anthony de Mello que un día “un hombre encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.

Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?

Pasaron los años y el águila se hizo adulta. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas.

El águila miraba asombrada hacia arriba
– ¿Qué es eso?, preguntó a una gallina vieja que estaba junto a ella.
– Es el águila, la reina de las aves -respondió la gallina- Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes a ella.

De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y vivió y murió creyendo que era una gallina de corral.”

Es un cuento que motiva a la reflexión, cada uno hará la suya y sabrá en qué medida sigue el llamado de su Ser o hace caso a quienes (de acuerdo a sus propios contextos) le dicen como tiene que ser.

A partir de esta fábula me gusta pensar que, más allá de su majestuosa apariencia, el águila no es mejor que la gallina. No se trata de una competencia de tamaño ni de vuelo. Las comparaciones son inútiles, ya que cada uno tiene las características funcionales necesarias acordes al sentido y propósito de su vida. Sea águila o gallina, lo trágico no es morir siendo quien se Es, sino el haber vivido sin serlo.

Quien más o quien menos, solemos tener momentos en los que nos comportamos como el águila del cuento y en los que recibimos el consejo de las gallinas. Es por esto que supongo algunas posibilidades por las que el águila continuó comportándose como gallina.

Puede que el águila reconoció su llamado interior a elevar el vuelo, pero retardo la decisión de hacerlo por no querer alejarse de las gallinas con quienes compartió tantos momentos. Y ese no querer dejarlas puede ser por miedo a quedarse sola o porque por el amor que les tiene no quiso perderlas.

En tal caso, algunas consideraciones a tener en cuenta:

Respecto al miedo a quedarse sola: Seguramente hay menos águilas que gallinas. No obstante, le hubiese servido saber que en cuanto desplegara sus alas habría encontrado otras águilas con quienes estar.

En relación a no querer alejarse de las gallinas: Para ser águila no le era condición dejar de ver por siempre a las gallinas con quienes se crió; así como compartiría el ser águila con otras águilas, también podría haber compartido parte de su ser águila con aquellas gallinas con las que deseara seguir haciéndolo. Tal vez las gallinas no habrían entendido mucho sobre su vida de águila, por eso que desde pichón le enseñaron a comportarse en un mundo de gallinas, pero quienes la amaban habrían celebrado verla volar feliz. Claro que para que esto ocurriese tendría el águila que haber valorado y respetado a las gallinas, no haber menospreciado sus días de gallinero, ni haberlas empujado a que vuelen como ella; porque así como el águila tiene derecho a ser águila, las gallinas tienen derecho a ser gallinas.

Juan A. Currado

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