Las piedras también son camino ©

Un camino de ripio implica que haya trozos de piedras. Quien lo recorre da por hecho que es así, no se le ocurre pensar que cada piedra es un obstáculo, inclusive hay quienes disfrutan ese tipo de rutas. Distinto ocurre con una autopista, ahí sí es mal visto que haya piedras, se las considera inoportunos obstáculos.

Por algún motivo creemos que la vida es como ir por una autopista, imaginamos poder avanzar por ella a gran velocidad y mejor aún cuanto más directamente nos lleva. Si aparecen “piedras” pensamos que son obstáculos, que nos hacen perder tiempo y nos enojamos o desanimamos suponiendo que no deberían estar ahí.

Sin embargo, la vida se parece mucho más a un camino de ripio que a una autopista. Todos tenemos trayectos parecidos, aunque a veces nos comparemos y pensemos que hay quienes van por autopistas mientras que a nosotros nos toca ir por ripios.

Puede haber tramos con más o menos “piedras”, pero siempre las hay. Es inútil (y frustrante) entrenarnos para andar por la vida como si fuésemos un auto “formula 1”, mejor aprendamos a manejarnos con la ductilidad de una “4 x 4” y dejemos de renegar por el terreno… inclusive, quizás, hasta logremos disfrutar del viaje. Porque las “piedras” no son obstáculos prescindibles e indeseables, las “piedras” también son camino.

Juan A. Currado

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