Antes de rebalsar ®

Como vaciarse de cargas innecesarias

Estaba lleno de gotas. Gotas de cansancios, de silencios, de palabras, de miedos, de culpas, de chascos. Las había chiquitas y grandes. Algunas, por pequeñas, ni siquiera las notaba, otras las veía en cuanto llegaban. Igual todas ahí se acumulaban.

“Es sólo una gota”, se decía cada qué vez una nueva llegaba, “puede cargar las anteriores, también podré con esta”. Pero subestimaba el peso de cada gota, sobrestimaba sus fuerzas.

Se desvelaba pensando cómo seguir aguantando lo que no aguantaba, cómo seguir conteniendo aquello que le urgía expulsar. Eso era lo que había aprendido, eso era lo que le habían enseñado.

Un día rebalsó. No fue la primera vez, ya antes se había desbordado. Sabía mucho de vaciarse apenas un poco, cuanto para de nuevo empezar a cargarse. Aunque esta vez fue distinto. No quiso lo mismo, no tuvo ganas de otra vez saturarse con lo que le cargaban, con lo que se cargaba.

“¿Qué hago ahora?”, se preguntaba.

Se dio cuenta que el problema no fue sólo la última gota, la que lo rebalsó, sino también la primera, la segunda, la tercera… todas lo colmaron. Comprendió que, si no quería otra vez desbordarse, tendría que no dejar acumular más gotas dentro de él. Ese día dijo “¡Basta!”.

Juan A. Currado

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