Negar la Unidad, negar a Dios ©

Pecamos (nos separamos) cada vez que negamos que algo o alguien está por fuera de la Unidad o de Dios. Pero la idea de separación es una ilusión, es prueba de nuestra ignorancia para integrar como parte de la Unidad aquello que rechazamos – de nosotros mismos, de los otros, de las circunstancias –  porque no nos gusta o porque nos hace daño. Nos comportamos como un niño que no por maldad, sino por curiosidad, desarma un auto de juguete, pero después olvida como estaba armado y, aunque su intención no era romperlo, queda carrocería por un lado y ruedas por otro.

Si Dios es inmanente y trascendente, si está en Todo, no existe lugar a parte donde poner lo que rechazamos… la única opción es transmutar/integrar lo rechazado a partir de admitir que ahí también mora Dios. En tales casos, puede servir preguntarnos: ¿Dónde está la Unidad en lo que rechazamos? ¿Qué aspecto de Dios busca manifestarse, también, a través de lo que impugnamos? ¿Cómo relacionarnos con lo que queremos que cambie, pero que también es parte de Nosotros, de la Unidad? Para orientarnos en esa respuesta, dice un proverbio chino “ámame cuando menos lo merezco, porque es cuando más lo necesito” y la Biblia profetiza que habrá un día en el que “el becerro y el león andarán juntos”.

Juan A. Currado

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